El ataúd

Era una oscura tarde de otoño. Un chico estaba en su casa, relajado, viendo la televisión, mientras sus padres habían salido a comprar algo. El chico no sabía qué era, y por eso se esperaba alguna sorpresa.

Mientras estaba sentado en el sofá, empezó a llover fuertemente. De repente, sonó el teléfono. Se levantó y lo descolgó.

Al otro lado no había nada más que silencio. Habló varias veces, esperando una respuesta que nunca llegó. Colgó el teléfono.

En el mismo momento en el que colgó, se fue la luz debido a la tormenta. Unos segundos después, alguién llamó a la puerta. El chico la abrió. No vio a nadie.

Al cerrar la puerta, el chico se dio cuenta de que la había abierto sin usar la llave. Se suponía que sus padres la habían dejado cerrada. Mientras buscaba las llaves en el recibidor, oyó el sonido de la televisión.

La luz aún no había vuelto.

El chico empezaba a tener miedo.  Corrió hasta el salón, lugar donde estaba antes, y, sorprendido, vio que la televisión estaba encendida. Sin embargo, la pantalla no mostraba nada; sólo se oía un ruido parecido a alguien gritando.

Desconectó el televisor, pero el ruido no cesó. No sólo eso; al desconectar el aparato, empezó a oír más y más sonidos: parecían venir del piso de arriba. El chico se armó de valor y subió las escaleras. Al llegar arriba, el teléfono volvió a sonar.

El chico no podía creer lo que estaba pasando. El televisor seguía encendido, y los ruidos cada vez eran más fuertes. El terror invadía sus pensamientos.

Mientras el chico pensaba si era buena idea volver a descolgar el teléfono, oyó una voz grave y siniestra. Esa voz sólo dijo una palabra: Corre. La voz provenía del teléfono: alguien lo había descolgado, pero ¿quién? El chico estaba solo en casa…

¿O quizás no?

Casi paralizado por el miedo, el chico bajó por las escaleras, intentando no hacer ruido, con la intención de salir de casa. Estaba seguro de que su hogar no era un lugar seguro. Todo lo que había ocurrido durante esa tarde no tenía ninguna explicación lógica.

Estaba a punto de abrir la puerta, cuando, de repente, la luz volvió, los ruidos cesaron y el televisor volvía a estar… normal.

Una sensación de alivio recorrió todo el cuerpo de nuestro protagonista. Intentó olvidar todo lo ocurrido, diciéndose a sí mismo que todo había sido una pesadilla. Se sentó en el sofá para relajarse.

Alguien volvió a llamar a la puerta.

El chico, inconsciente, la abrió.

Lo que vio no puede ser descrito con palabras. El chico desapareció justo después de ver lo que había al otro lado de la puerta.

Horas después, sus padres regresaron. Los dos llevaban en brazos un objeto muy pesado, algo que habían comprado durante su salida.

Un ataúd.

Acerca de Unamigoloco

Free will is a myth. Religion is a joke. We are all pawns, controlled by something greater: Memes. The DNA of the soul. https://unamigoloco.wordpress.com

Publicado el marzo 17, 2014 en Otros y etiquetado en , , . Guarda el enlace permanente. 2 comentarios.

  1. La Lápida – El Ataúd – La Muerte…

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